Especial Rioja 2017: Bodegas Sonrierra
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Una apuesta por la singularidad

Bodegas Sonsierra quiere incluir nueve viñedos en la nueva categoría del Rioja

Por Iñaki García | Fotos Justo Rodríguez

Bodegas Sonsierra siempre ha apostado por la singularidad y sus responsables no quieren perder el tren que supone la nueva categoría de la DOCa Rioja que viene a reconocer esas peculiaridades. «Dentro de los parámetros fijados para establecer un viñedo singular podríamos meter muchísimas parcelas de nuestra bodega, pero nosotros somos incluso más restrictivos y hemos seleccionado nueve viñas de más de cincuenta años», expone el enólogo, Rafael Usoz.

Son las que se han utilizado hasta ahora para elaborar dos de los vinos más emblemáticos de Sonsierra, el Pagos y el Perfume. «Pero nuestra intención, a tres años vista, es sacar una línea de vinos de parcela», expone Usoz, quien señala que la bodega aglutina viñedos situados a alturas muy diferentes. «Tenemos algunos que se encuentran a 350 metros y otros que están a 700», ejemplifica.

Entre las primeras, las situadas a menor altura, destaca una viña de nombre Manao, plantada en el año 1952 y levantada a orillas del río Ebro. Son 0,24 hectáreas y la mayor parte de la uva es de la variedad tempranillo. «Aunque como sucede en las viñas de mucha edad, hay un poco de todo porque antiguamente se hacía el ‘coupage’ en la propia parcela», señala el enólogo de Sonsierra.

Rafael Usoz, en Manao, una de las parcelas que Sonsierra quiere incluir en ‘Viñedos singulares’

Rafael Usoz, en Manao, una de las parcelas que Sonsierra quiere incluir en ‘Viñedos singulares’

Preside el lugar un bonito nogal y en ella se han recogido este año (lastrado por la helada) 720 kilogramos de uva, lo que representa un rendimiento de 2.900 kilos por hectárea. «Nuestra idea es realizar elaboraciones muy pequeñas», apunta Usoz, quien en general se muestra favorable a la creación de la categoría ‘viñedos singulares’ en Rioja. «Eso sí, hay aspectos que me parecen perfectos, como la doble calificación, y otros que cambiaría como la fijación en 35 años de la edad mínima del viñedo», admite.

En la actualidad, el vino de Manao está a punto de hacer la fermentación maloláctica en barrica. «Es la primera vez que lo elaboramos por separado y, aunque es un poco pronto para ver cómo va a quedar al final, tiene muy buena pinta», concluye Usoz.