Bodegas Palacios Remondo. Alfaro

Un uva de clase mundial

Álvaro Palacios es el mayor productor de garnacha de Rioja

Alberto Gil Justo Rodríguez

No hay productor en Rioja que elabore más vino de garnacha que Álvaro Palacios en Alfaro: alrededor de 800.000 botellas, con un extraordinario trabajo, en tiempo e inversión, para reconvertir los viñedos de la Finca La Montesa (100 hectáreas) a las originales garnachas históricas de Alfaro: «No me gusta hablar de variedades, sino de lugares históricos del vino; la variedad es solo un eslabón entre la tierra y la copa, pero la sierra de Yerga siempre fue garnacha».

«Back to the future...». Es una frase que el bodeguero suele utilizar para ‘borrar’ la última mitad del siglo XX en España desde el punto de vista vitícola. Palacios recuerda cómo, siendo muy joven, se empezaron a arrancar las garnachas viejas en Alfaro para sustituirlas por tempranillo, graciano y mazuelo en espaldera. «De repente se convirtió en una variedad denostada, imposible; se decía que era oxidativa, pero sobre todo su losa han sido los bajos rendimientos, ya que uno de cada cinco años produce los 6.000 kilos por hectárea, mientras el resto se queda en 3.000 o 4.000». «Lo que muy poca gente consideramos –continúa– es que es un tesoro que heredamos de nuestros abuelos». «Si hablamos de grandes vinos, aquí y en todo el ViejoMundo, ya estaba todo inventado, en esas plantaciones históricas de afinidad precisa, en las que incluso estaba hecha la mezcla varietal, con garnachas completadas con cepas sueltas de monastel, tinta velasco, bobal o garnacha roya».

La montesa

Un vino que cada añada de supera. Garnacha con mínimos aportes de otras uvas. Precio: 12 euros.

  • Bodegas Palacios Remondo
  • Apartado 1152 · 26540 Alfaro
  • 941 180 207

A Álvaro Palacios le gustan los retos y, además del rechazo que provoca la garnacha en el viticultor por su irregular rendimiento, tiene claro que tampoco los enólogos y técnicos han entendio la garnacha: «Requiere más trabajo manual en la viña, sobre todo en el desniete, aunque menos tratamientos, y mucho cuidado en la bodega; es como un ser caprichoso, pide su propia vinificación y una crianza en madera con mucha atención. Hemos tenido que redescubrirla, pero una vez que la has entendido y sobrepasado los tabúes, todo es sencillo y es capaz de darte algunos de los mejores vinos del mundo».

El bodeguero tiene claro que es una uva de futuro por la presión del cambio climático, por su pH bajo, su acidez natural y su mínima exigencia de agua: «Tiene menos taninos, menos extracto..., pero un nervio, alegría, profundidad y armonía sin igual». Álvaro Palacios no duda en comparar la garnacha con la pinot noir de los vinos de clase mundial de Borgoña. Es la variedad de su Quiñón de Valmira (400 euros la botella) y de L´Ermita en Priorat, dos de sus grandiosos vinos, pero también de La Montesa, unas 700.000 botellas al año cultivadas íntegramente en viticultura ecológica: «La Montesa es el vino del que estoy más orgulloso, de los muchos años que llevamos trabajándolo, más incluso que de Quiñón de Valmira, donde todo es mucho más fácil porque el vino ya viene prácticamente hecho desde el viñedo».

Álvaro Palacios es consciente de que sin identidad no hay futuro: «La garnacha es la variedad histórica de nuestra zona y deberíamos defenderla a capa y espada; el riego por goteo fue el ‘arma pesada’ empleada para mitigar nuestro clima más árido y caliente, pudiendo así cultivar tempranillo, pero tenemos una uva adaptada durante cientos de años a este suelo y este clima, y debería volver a ser nuestra seña de identidad».

Noticias relacionadas: