Bodegas Ilurce. Alfaro

Un sueño del pasado al futuro

Bodegas Ilurce impulsa el graciano y unas expresivas y longevas garnachas

Sergio Martínez

Bodegas Ilurce realiza una defensa rotunda de la garnacha. Sabe que es el germen de su historia y supone su actual éxito. Es pasado pero también es futuro. «La defendemos porque somos viticultores de toda la vida y el viñedo viejo es de garnacha. Además, es la varidad idónea para esta zona y la que mejor se adapta al cambio climático», resalta Amador Escudero, responsable de viticultura de Bodegas Ilurce.

El Sueño de Amado

Variedad: Garnacha Viñedo 4,5 hectáreas de viñedo de 1918. Precio: 25 euros.

  • Bodegas Ilurce
  • Carretera a Grávalos, s/n. Alfaro
  • 941 180 829
  • ilurce.com

El tiempo ha dado la razón a una forma diferente de entender el mundo vitivinícola. «Somos una bodega atípica», comenta Amador Escudero, «ya que hemos apostado por la garnacha y el graciano». Sus números confirman esa sentencia, ya que cada una de sus tres variedades –tempranillo, garnacha y graciano– suponen un tercio del vino de la bodega. Buscan sorprender y están recibiendo respuesta en este auge de la garnacha, consiguiendo además una identificación con sus raíces no solo en la viña sino en las sensaciones que transmiten sus vinos. «Mucha gente nos dice que hemos hecho un vino que le trae buenos recuerdos de los vinos que tomaba antes», describe Escudero.

La joya es ‘El sueño de Amado’. «Supone un compendio de numerosos factores como la edad de una viña centenaria, el manejo en el campo, el tipo de suelo o el clima de la zona. En las faldas del Yerga, cuentan con 4,5 hectáreas de unas garnachas ya datadas en el año 1918, en esa finca Cabezarroyo dispuesta a convertirse en viñedo singular.

Bodegas Ilurce busca la singularidad varietal también desde más modestos puntos de vista, como con su célebre y colorido rosado, uno de los puntos de partida de la bodega, o su tinto ‘Ángel’, todo un superventas de un viejo viñedo. Además, también ven más allá del tempranillo con sus gracianos «que no dejan indiferente a nadie». Bodegas Ilurce ha encontrado en su pasado la senda a explorar. Tradicional y moderna al mismo tiempo. «Desde el año 2000 no hemos puesto nada de tempranillo», explica Amador.

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