Bodegas Juan Carlos Sancha. Baños de Río Tobía

Los viejos viñedos, los más rentables

Sancha impulsa la comarca del Alto Najerilla al situar su colección de viejas garnachas centenarias en el top de los vinos de Rioja

Alberto Gil Justo Rodríguez

Si hay una zona, una comarca, emergente en Rioja hoy en día es el Alto Najerilla. El trabajo con viejos viñedos de Juan Carlos Sancha, que ha logrado situar su colección de garnachas entre los mejores vinos de Rioja y de España, tiene mucho que ver con el despertar de una zona en la que nuevos proyectos, nuevas inversiones y compras de viejas viñas están a la orden del día.

Peña el Gato

Colección de garnachas centenarias de pequeños majuelos de Baños. Precio 18 euros

  • Bodegas Juan Carlos Sancha
  • Finca Fuentelacazuela. Camino de las Barreras s/n. 26320 Baños de Río Tobía, La Rioja
  • 941 23 21 60
  • www.juancarlossancha.com

La colección Peña El Gato, seis garnachas de otros tantos pequeños majuelos de Baños con los que Sancha rinde homenaje a los viticultores originales que no arrancaron las viejas cepas –completada con versiones sin sulfitos, en tinaja y, también con los dos últimos vinos, tinto y blanco, del Viñedo Singular Cerro La Isa– han puesto en el mapa vitivinícola mundial las garnachas del Alto Najerilla: «Son las uvas, pese a sus escasos rendimientos de 2.500 kilos hectárea, más rentables que tengo», explica el viticultor.

Sancha lamenta la extraordinaria pérdida de diversidad varietal de Rioja en los últimos 40 años: «Había más garnacha que tempranillo en Rioja en 1973 y ahora no llegamos al 8% de superficie». El bodeguero celebra la aparición de nuevos elaboradores que están confiando en la garnacha como varietal y como complemento: «Es una uva de ciclo largo y, aunque es cierto que hay muchos años que produce poco, es la mejor receta contra el cambio climático por su pH bajo y su acidez».

Sancha denomina a la garnacha ‘la tapada’. «Hemos hecho auténticas perrerías a esta variedad; empezando por los técnicos, inventando mentiras sobre su supuesta oxidación; siguiendo por las bodegas, que nunca han pagado por su valor diferencial e incluso han ocultado su uso en las etiquetas, y por los viticultores, que han preferido la comunidad del tempranillo». «Ahora está de moda, pero la superficie de cultivo no crece, por lo que hacen falta medidas educativas y económicas para primar la conservación de estos viejos viñedos en lugar de su arranque y sustitución por tempranillos».

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