La cata

Los nuevos Rioja de 'pata negra' a examen

Probamos algunos de los que serán los primeros vinos de viñedos singulares, la nueva categoría de Rioja más exigente en cultivo y elaboración y que pone el foco en el viñedo. Grandes vinos –«machos alfa»– que empezarán a llegar al mercado a partir de mediados del próximo año

Alberto Gil Justo Rodríguez

Todo un reto. Si el año pasado este especial de vinos se dedicó casi de forma monográfica a las nuevas indicaciones geográficas que Rioja había aprobado apenas unos meses antes, en esta ocasión el equipo de cata se puso a la labor para probar algunos de los futuros vinos de viñedos singulares de la cosecha 2017 –que solicitaron la trazabilidad al Consejo Regulador–, aunque prácticamente todos ellos aún están en barrica y no saldrán al mercado hasta bien avanzado el año próximo, el 2020 o incluso el 2021.

Los vinos de viñedos singulares son, en realidad, la única categoría diferente de Rioja, con rendimientos de producción y elaboración mucho más bajos, edad mínima del viñedo de 35 años y vendimia manual. El proceso de reconocimiento de la singularidad aún no lo ha completado ninguno de los vinos, por lo que, de momento, sólo pueden considerarse aspirantes: antes de salir al mercado –a diferencia del resto– tendrán que obtener la calificación ‘excelente’ por parte de un comité de cata. Un club muy selecto, por tanto, y la primera diferenciación real de vinos de Rioja, que quisimos poner a prueba.

El giro, la mirada hacia el origen de Rioja –tradicionalmente conocida por la mezcla de variedades y procedencias y por los tiempos de estancia en barrica de los vinos– es seguida con interés y, en algunos casos incluso, con recelos, si bien estos vinos pueden acabar marcando una nueva etapa.

La cata intenta cubrir todas las zonas de producción, con diferentes tipologías de bodegas y también con distintas variedades e incluso colores de vinos.

Tres blancos, tres garnachas y ocho vinos mayoritarios o varietales de tempranillo fueron los elegidos en una de las catas que más debate generó: «No hubo desperdicio y los vinos, desde luego, dieron mucho que hablar», recuerda Juan Carlos Somalo, enólogo de la Universal de Vinos. Los tres blancos, Oxuel Cerró Sojón (Bodegas Ojuel, Sojuela), Tierra Fidel (Bodegas Tierra, Labastida) y Valdemar Fermentado en Barrica (Valdemar, Oyón) abrieron la jornada y, rápidamente, el debate: Cerro Sojón reúne varias variedades blancas de un pequeño y viejo viñedo de Sojuela. Acaba de ser embotellado y difiere notablemente de la ‘perfección’ enológica del Valdemar Fermentado en Barrica que en su día, 1986, marcó una nueva forma de elaboración en Rioja: «Quizás el Ojuel es el vino más singular de los tres y, sin embargo, es el menos tecnológico de todos, por lo que es posible que recibiera menos puntos en una cata aun siendo muy acorde a la nueva categoría», advierte el enólogo y agrónomo, Antonio Remesal, dando paso ya al debate: ¿Son necesariamente los mejores vinos de Rioja? No, ni deben aspirar a serlo, sino a mostrar la singularidad del viñedo.

Valdemar cumple sin problemas, con acidez y una viura muy fresca de un fermentando en barrica de libro, mientras que Tierra Fidel Blanco, aún en barrica y a falta de toda su estancia en botella, demuestra que Rioja puede hacer grandes blancos cuando realmente los vinos se trabajan como ‘blancos’ y con cariño, tanto en el viñedo como en la bodega. Será un vino de gran recorrido.

La siguiente tanda son tres garnachas de las tres zonas de Rioja: Pedro Garnica que, a pesar de tener bodega en Baños de Río Tobía, elabora con uvas de Yerga; Cerro La Isa de la colección Peña El Gato, de Juan Carlos Sancha (Baños), y La Medika, de un viejo viñedo de Leza (Rioja Alavesa) que elaboran los hermanos Juan y Jutith Valdelana. Es la tanda que más unanimidad despierta: tres vinazos que además marcan su procedencia. «Impresionantes, pura tinta china, con un grado alcohólico alto pero que no pesa», anota el sumiller Raúl Martínez. Plenos de estructura, las tres garnachas tienen ‘escuela’ en la persona de Juan Carlos Sancha, profesor de Juan Valdelana y asesor de Pedro Garnica en el viñedo de Yerga: «No es la garnacha típica que hemos conocido en Rioja, pero en los tres hay una misma forma de entender la variedad: viñedo viejo, altitud, frescura... y un mismo maestro», indica Juan Carlos Somalo. Los vinos, dos de ellos en barrica y el tercero (Pedro Garnica) recién embotellado, irán a más, pese a que ya muestran todo el atractivo de la garnacha.

Los tempranillos

Dos tandas quedan por delante, programadas a priori de menor a mayor potencia esperada. Oxuel Cerro Sojón, tinto, es la otra cara del blanco catado con anterioridad y que procede del viñedo del mismo nombre de Miguel Martínez en Sojuela. Con cepas blancas y cepas tintas dispersas y multitud de variedades –incluidos los dos clones de maturana tinta en cepas antiguas–, el viticultor elabora por separado ambos colores para un resultado fresco y muy amable y, de nuevo singular, aunque elaborado con pocos medios –Miguel es artesano 100% y el día anterior a al cata, por ejemplo, estaba calentando con estufas los depósitos para ayudar a la fermentación–. Los Ojuel son vinos de fruta sin apenas madera, en línea con lo que hoy demanda un segmento de mercado y se desmarcan totalmente de la potencia de sus compañeros de viaje.

Paco García selecciona parte de los viñedos de su finca La Dehesa para hacer un tempranillo con un 20% de graciano. Un vino serio, aún en barrica, y con una frescura añadida del graciano que completa muy bien el conjunto. La cata entra así en ‘otra liga’, con vinos rotundos, quizá también condicionados por la baja producción de la helada en los viñedos viejos y en su intensa estructura, como éste de Paco García que todavía ni ha salido de la barrica con un buen recorrido por delante. Está en pruebas, y de hecho, el viticultor no tiene claro si lo sacará al mercado o esperará otra añada combinando incluso madera y barro para su envejecimiento.

Sínodo Vitivinícola es el pequeño proyecto de Juan Antonio Blanco (técnico de viticultura), Gorka Etxebarría y Roberto Monforte (enólogos) que decidieron poner en valor viejos viñedos de las familias. Sínodo los Tollos procede de una miniparcela de Villamediana y sólo por el hecho de que no se haya arrancado o abandonado es un vino que merece, y mucho, la pena: acaba de ser embotellado y gusta mucho la elegancia que ya muestra y, sobre todo, la fruta que desprende.

Para completar la tanda, uno de los mejores vinos de la mañana, Finca la Emperatriz, donde los hermanos Hernáiz han apostado fuerte por el viñedo singular con las cepas más viejas de su peculiar finca de Baños de Rioja, cerca de las orillas del río Oja y con un suelo muy característico de piedra: el vino saldrá en 2020 como reserva y se identifica ya como un ‘gran clásico renovado’ de Rioja en potencia, con un interesante aporte de garnacha y viura al tempranillo: «Yo sí veo la singularidad en todos estos vinos y, personalmente, pienso que esta gran diversidad que estamos viendo es la gran asignatura pendiente por explotar de Rioja», señala Raúl Martínez. «Veo terruño –continúa– y personas; al fin y al cabo, vinos singulares, por lo que para Rioja es una muy buena noticia».

El debate se abre y Juan Carlos Somalo manifiesta alguna duda: «Sí estamos ante vinos interesantes, con muy buena materia prima, pero también veo una forma de elaboración muy técnica, muy actual». «Es como en la música –continúa– hay varios grandes músicos, pero no todos tienen alma como para ser genios». En cualquier caso, también matiza: «Mi estilo de vino, personal, es de mezcla, para mí Rioja es mezcla, y, si empezamos a trabajar la parcela, también hay un tiempo de aprendizaje y esto, desde luego es sólo el comienzo».

Fernando Martínez de Toda, Juan Carlos Sancha, Antonio Remesal, Raúl Martínez, Juan Carlos Somalo, Toño del Río y Basilio Izquierdo. FOTO:: J. RODRÍGUEZ

La última tanda

El Manao’ es una miniparcela de Bodegas Sonsierra que Rafa Usoz, enólogo de la casa, ha microvinificado por separado como viñedo singular. En las cercanías del río, la parte baja de San Vicente, y con suelo de piedra, presenta una nariz frutal y una boca más ligera que sus próximos compañeros de tanda, con taninos rústicos y elegantes: «Quizás haya que pensar en sacarlo ya en breve de la barrica», apunta el bodeguero y viticultor Juan Carlos Sancha.

La Llave de los Sueños es el nuevo proyecto de Juan y Judith Valdelana con algunos de los más viejos viñedos de la casa familiar. Santa Cruz es un vino de un viñedo de 1920 y abre la última tanda: poderoso, con mucha concentración, madera también potente, pero aún en pleno proceso de crianza: el vino necesita su tiempo para asentarse y así lo están haciendo en la bodega.

La Taconera fue la primera viña de Javier San Pedro (Laguardia), probablemente centenaria (no se conoce su fecha real de plantación) y en la que invirtió varios años para su recuperación. El resultado, un vinazo, uno de los mejores de la jornada, de gran volumen pero que invita a beber pese a quedarle todavía un buen tiempo en barrica y, por supuesto, botella. Con una nariz, en principio un poco parada, se abre al paso de los minutos.

Barranco del San Ginés, apenas una hectárea en terrazas en Laguardia datada de 1935, es el gran vino que todavía cría Brian MacRobert (Mac Robert&Canals) en la bodega y que no saldrá al mercado hasta el 2021. Serio, rotundo, con una nariz que aún no expresa del todo la fruta por la madera –con un pelín de sulfuroso añadido durante la crianza–, pero que apunta ya con una boca esplendorosa, golosa (de las mejores de la cata) que avanza que ahí hay otro gran vino de un único viñedo.

Raúl Martínez, sumiller:
«Sí veo la singularidad y creo que esta diversidad es lo que debe explotar Rioja»
Juan Carlos Somalo, enólogo:
«Hay grandes ‘músicos’ pero no todos tienen el alma para ser ‘genios’»
Basilio Izquierdo, enólogo y bodeguero:
«Rioja debería hacer ahora algo similar con las menciones tradicionales»

Muchos comentarios generararon los vinos, pero, sobre todo, la nueva apuesta de Rioja por este tipo de elaboraciones: «Lo tengo clarísimo, es una gran novedad y muy positiva», interviene el catedrático de Viticultura de la Universidad de La Rioja (UR), Fernando Martínez de Toda. «Para mí –continúa–, es un gran paso adelante, ya que los vinos de municipio y zona están bien en cuanto que te concretan más el origen, pero el viñedo singular es la única nueva categoría, con unas condiciones de cultivo mucho más exigentes; no hablamos de vinos mejores ni peores que otros extraordinarios que hay en Rioja, pero, desde luego, son singulares y muy buenos vinos».

Basilio Izquierdo, histórico enólogo de Rioja, lo tiene también claro: «Hemos probado vinos muy intensos, buenos y buenísimos, aunque a mí me falta algo: Rioja debería plantearse qué hacer ahora con las menciones tradicionales, crianza, reserva y gran reserva». «Los que hemos elaborado estos vinos clásicos –continúa– sabíamos que había que seleccionar la uva y, lo mismo que ahora se exige más a los vinos de viñedo singular, habría que hacerlo también para el crianza, para el reserva y más aún para el gran reserva».

El viticultor y bodeguero Juan Carlos Sancha centra el debate en los viejos viñedos: «Es la primera vez en la historia, en 93 años, que Rioja mira al viñedo, que hace a la viña protagonista». «Nos jugamos mucho –continúa– porque puede ser la última opción que le queda al viñedo viejo para que no se arranque y varios de estos vinos, si no se trabajan y venden como singulares, probablemente no se elaborarían».

Vinos definidos como «machos alfa» por Raúl Martínez y que para Antonio Remesal suponen también una oportunidad con matices: «Rioja no se puede quedar ahí; hay grandes vinos ‘clásicos’ a este nivel y también habría que empezar a exigir una revisión de estas menciones tradicionales», apostilla. «Son grandes vinos, ‘top’ desde luego, pero el concepto es ‘singular’, no ‘vinazo’, y la singularidad está en el viñedo y en la persona; para mí, en algunos casos, saturan un poco y no son fáciles de beber».

Remesal insiste en que «la propia legislación, con la exigencia de la calificación ‘excelente’, está obligando al productor a esa ‘perfección’ que, en casos, sacrifica la singularidad». En cualquier caso, considera la iniciativa de Rioja «un comienzo positivo, pero que hay que perfeccionarlo y, por supuesto, completar con la categorización del resto de vinos». El debate está listo.

Qué es y qué garantiza un vino de viñedo singular

Los primeros Riojas de viñedo singular llegarán al mercado a partir de mediados del año próximo, con una contraetiqueta propia que los identificará. En el 2017, únicamente 44 bodegas y 171 hectáreas se inscribieron (el 0,26%), con lo que se trata de un club muy ‘selecto y exclusivo’. En la práctica, supone una ‘subdenominación’ de origen que atiende a la singularidad, especificidad de determinados viñedos y que necesita además un estudio técnico que acredite la singularidad de los parajes, las parcelas o fincas de la que proceden las uvas.

Producir uvas y elaborar vino para viñedo singular aporta unas garantías de calidad notablemente superiores a las del conjunto de Rioja. Igualmente, los costes de producción de una botella de vino son más caros.

Comenzando por los rendimientos de producción –con una tarjeta de viticultor propia que no permite la ‘compensación’ entre parcelas–, mucho más bajos tanto en campo como en bodega. Y siguiendo por una garantía de vendimia manual y por una doble calificación de los vinos ya elaborados: la inicial que deben pasar todos los Rioja y, por primera vez, una segunda antes de salir al mercado. En ambas se exige una puntuación ‘excelente’, lo que, al margen de los gustos, supone que la calidad de todos estos vinos estará totalmente garantizada.

Fernado Martínez de Toda, catedrático de Viticultura:
«Ni son mejores ni peores que otros, pero sí son singulares y muy buenos»
Juan Carlos Sancha, viticultor y bodeguero:
«Nos jugamos mucho porque puede ser la última opción que le queda al viñedo viejo»
Antonio Remesal: ingeniero agrónomo y enólogo:
«Rioja no se puede quedar ahí; hay grandes vinos pero no necesariamente son los mejores»
Requisitos para un vino de viñedo singular
  • 1. Edad del viñedo: mínimo 35 años
  • 2. Producción máxima: 5.000 kilos por hectárea para variedades tintas y 6.922 para blancas versus 6.500 y 9.000 kilos
  • 3. Rendimiento de transformación uva/vino: 65% versus 70%
  • 4. Tarjeta de viticultor: específica e intransferible (no permite ‘compensar’)
  • 5. Titulares: viñedo en propiedad o arrendado con producción exclusiva durante 10 años
  • 6. Embotellados por encargo Prohibidos
  • 7. Calificación doble (exclusiva para estos vinos): la inicial y la previa a su salida al mercado. En ambas, el vino deberá alcanzar la valoración de ‘excelente’
  • 8. Vendimia Manual y viticultura sostenible

Singulares sorprendentes

José A. del Río

Asomarse al concepto de vino de viñedo singular exige hacerlo libre de prejuicios. Entender que la novedosa calificación no garantiza que uno vaya a encontrar en su copa el mejor de los vinos de Rioja. Que puede que sí, tales son las exigencias administrativas que se le plantean para alcanzar tal condición. Pero también puede que no. La demostración empírica de que ni la etiqueta ni la precinta ni el precio siquiera hacen el vino que se esconde en la botella es interminable. El vino se hace en la viña y en esa filosofía que sustenta la nueva categoría deben descansar las aspiraciones del consumidor. Frente al ‘coupage’ clásico que ha hecho grande a Rioja, el viñedo singular viene para destacar todo lo contrario: la viña excepcional, la parcela de ensueño al desnudo, sin compañeros de viaje, sin aliños.

Los vinos catados se han sometido al rigor del Consejo para presentarse en sociedad como algo especial, original, sorprendente, extraordinario en tanto que distinto, raro también, peculiar y diferente. Son vinos excepcionales todos ellos que merecieron tanto la atención de los especialistas del grupo de cata, bocas educadas en miles de tragos, como la de este lego asombrado ante lo mucho que de diferente fue capaz de disfrutar en algunas copas..

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